BROKEN CROWN


Joshiel se crió como cazador, como prometedor heredero del imperio de la organización de cazadores de los estados unidos. Un muchacho orgulloso, egocéntrico, cien por cien dedicado a su trabajo. Durante mucho tiempo, cazaba para demostrar que era digno de su legado, sin importarle las vidas que salvaba realmente. Mujeriego, desinteresado y egoísta, su única preocupación y punto débil siempre fue la familia, la hermana pequeña de la que cuidó como una hija, vendiendo incluso su alma a temprana edad para salvarla de una muerte segura.
Ahora es un hombre honrado, de valores, que antepone la segurida de su familia a la responsabilidad que la vida le exigió.

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SENSORIUM

Su vida estaba fuera de control últimamente, como si solo pudiese decidir sobre una parte, y el resto de decisiones, de movimientos, todos los demás momentos perteneciesen a alguien más, un alguien que siempre tomaba la dirección que él, bajo ninguna circunstancia, escogería.

Ignoraba qué hora era cuando el teléfono empezó a vibrar sobre la mesa, quizá estaba predispuesto a despertar para que aquél simple ronroneo apenas audible lograse que abriese los ojos, volviendo en si.

Reconoció que estaba en casa, aquél era el techo de su salón, y teniendo que acostumbrarse a un dolor del que no tenía a quién acusar en las costillas se incorporó hasta enderezar la espalda. Al fruncir el ceño también notó una molestia en la cara, se sentía como haber recibido una santa paliza.

-Damn it –de un manotazo alcanzó el teléfono.

Ayer había sido su primer día de regreso en la división, todo se había calmado después de que aquellos que habían estado infiltrados y trabajando para Academi hubiesen sido detenidos y trasladados a una de las bases secretas de la división para ser interrogados. Blackwater estaba bajo investigación, pero él estaba seguro de que lograrían librarse de los cargos de algún modo, de la misma forma sabía que tenían una relación directa con el sector 4.

Contestó de mala gana.

-Stevens –frotándose la frente miró por el rabillo del ojo a su izquierda. Sheiko estaba sentado a solo un par de metros de él, tieso, sus orejas arriba, le miraba como si fuese a saltarle encima en algún momento –Hey Gordon. No, Lay no está aquí –se giró para ver hacia las escaleras, la casa se sentía vacía, si Lay estuviese cerca lo sabría –En realidad no.. Estoy muy seguro de dónde está. Debería estar aquí, o eso creo –bufó, sentía un dolor de cabeza terrible, como si hubiese vuelto a sus veinte, se hubiese emborrachado y ahora estuviese pasando por una martillante resaca –¿A que te refieres con que entonces tenemos un problema?

Ven a lo de tus suegros. ¿A lo de sus suegros?

-Preferiría no hacerlo, you see, my head’s about to explode and.. –Ya veo. Si, estaré allí en veinte minutos.

Parecía un asunto serio, Dean era ochenta por ciento bromista, diez por ciento inutil y otro diez por ciento de seriedad, no era habitual oírle con aquél tono de urgencia y preocupación.

Giró la cabeza para ver hacia la ventana, a pesar de las cortinas podía adivinar que estaba anocheciendo. No dijo nada, ni si quiera tuvo que pensar nada, fue regresar la mirada a los ojos de su lobo, quién guardaba parte de su alma y percibirlo; había vuelto a esfumarse por horas, algo había sucedido nuevamente, y la experiencia le gritaba contra sus sienes adoloridas que no sería nada bueno.

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Se había puesto el único traje limpio y planchado que encontró en el armario, pero lo que en realidad vestía era preocupación.

Divisó las luces de los coches patrulla en cuanto llegó a la calle, aparcando en la acera de en frente. Habían agentes federales, forenses, demasiada gente..

Salió del coche e inconscientemente esperó al mestizo siberiano, sus ojos viendo la muchedumbre alrededor de la casa de sus suegros. Notó el hocico de Sheiko contra su pierna y fue suficiente para reaccionar, cruzando la calle y mostrando su placa que le identificaba como agente de la división especial a los agentes de menor rango, pasó por debajo de la cinta amarilla que delimitaba la zona.

Dean Gordon se encontraba manteniendo una conversación con posibles testigos, una mujer de unos cincuenta de media melena rubia, de brazos cruzados frente a él.

El joven nephilim vio a Joshiel de reojo y pidió disculpas a la mujer, indicándole antes de acercarse a su compañero a Emma que se encargase ella de aquello.

-¿Qué diablos es todo esto? –preguntó Josh, queriendo manifestar su enfado, pero su voz ronca delató su angustia.

-Algo que todavía no he podido procesar.. –con el ceño fruncido Dean examinó el estado físico del cazador, estaba hecho un desastre –¿Qué te ha pasado en la cara?

-Olvídalo –le hizo a un lado con un leve empujón, avanzando, Sheiko siempre pegado a él.

El mal presentimiento que le había asaltado en el momento de la llamada de Dean se intensificaba segundo a segundo, siempre había sido un hombre de intuiciones, pero últimamente había mucho cambiando en él, tenía mejor olfato, percibía a la gente a su alrededor, incluso juraría ser capaz de adivinar lo que sentían.

-Stevens –la mano de su superior contra su pecho le detuvo justo en el umbral de la residencia de los Lake, el cazador respondió a aquello arrugando el ceño –Esto es lo que menos necesitábamos después de todas las infiltraciones y la basura por la que han pasado las divisiones, así que necesito saber antes de que entres ahí dentro de parte de quién estás.

¿De parte de quién estaba? ¿Qué clase de pregunta era esa? ¿Qué partes podían haber en aquello?

-¿Está mi mujer dentro? –preguntó, habia fuego en su mirada, una ira creciente.

-A eso me refería. El agente Gordon ha insistido en llamarte, pero creo que este caso es demasiado personal para ti, deberías dar media vuelta ¿Y qué cojones te ha pasado en la cara?

Josh cerró la mano derecha en un puño. Michael Anderson entornó la mirada hacia abajo al llegar a sus oídos el rugir entre colmillos del lobo, Sheiko solamente estaba manifestando lo que Joshiel se controlaba de mostrar.

-Señor –Dean llegó entonces, dejando una mano sobre el hombro de Joshiel –Yo me encargo.

Anderson respondió con una simple mirada de advertencia, saliendo de la casa mientras ambos agentes hacían lo contrario, entrando.

-Cuando era general no tenía que tragarme esta mierda –murmuró, abriendo la mano, pero siendo incapaz de relajarse por completo.

Esquivaba personal de CSI, agentes del departamento de policia de Nueva Orleans que probablemente no tardarían en retirarse, era jurisdicción de la división especial ahora, siempre lo había sido.

-Pero ahora no estás en lo alto de la cadena, así que si no quieres que te den un despacho más pequeño solo comportate. Hey –Dean se adelantó para verle de frente, impidiendo la visión del salón que quedaba a su espalda, captando la atención del cazador –Anderson tiene razón, debes enfocar esto como agente federal.. No tienes porque verlo.

-Ver qué, Dean, maldita sea.

No fue tan considerado esta vez al hacer a un lado al joven Nephilim, estaba cansado de tanto misterio, no era un niño al que debiesen proteger.

Pero hubiese deseado serlo. Cuando sus ojos, momentáneamente cegados por los flashes de las cámaras de aquellos forenses que trabajaban en la escena del crimen vieron los cuerpos de Michelle, Robert y William en lo alto del techo, colgando de aquella lámpara…

Sintió el estómago darle un vuelco, no sabía cuanto hacía desde la última vez que había comido, pero sentía la acidez subiendo por su faringe, su garganta ardiendo.

No..

Bajó la mirada, obligándose a apartar los ojos de aquella siniestra y desoladora escena. Incluso el lobo se echó en el suelo y escondió la cabeza.

Dean se acercó a Joshiel por su espalda, humedeciéndose los labios despacio. No había tenido el honor de conocer profundamente a la familia de su mejor amiga, pero aquello resultaba doloroso se mirase por donde se mirase. Era una monstruosidad. En su tiempo como agente federal había visto crimenes violentos, pero aquello… Aquello había sido bizarramente cruel.

-La central de emergencias recibió una llamada alrededor de las dos del medio día de hoy, siguieron el protocolo de localizar la llamada, el teléfono estaba a nombre de Lay… Ella debió estar aquí.

Escuchar el nombre de su mujer regresó al planeta tierra a Joshiel. Se volvió para ver a su compañero, sus ojos interrogantes.

-¿No está aquí?

-No. Hemos encontrado su teléfono en la escena del crimen, conociendo a Lay quizá.. Entró en pánico cuando vio esto, pensé que estaría contigo.. Esto va a traernos problemas con la división Josh, después de todo lo que ha sucedido que Lay esté implicada en algo así solo puede empeorar las cosas.

-¿Qué cojones estás diciendo Dean? –rugió Josh, dando un paso para ver con peligro en sus ojos los de su compañero –¿Crees que Lay ha tenido algo que ver con esto? ¿Sabes si quiera lo que dices? ¡Son sus padres! ¡Es su hermano el que está colgando del techo demacrado!

-¿Quieres calmarte? –siseó Gordon, su mano contra el pecho de Josh para que retrocediera y recuperar esa distancia de seguridad –Claro que no pienso eso, pero del modo que sea querrán interrogarla, y huyendo no va a ponerlo más fácil.

-Damn it –el cazador se llevó las manos al rostro, refregándoselo, frotándose los ojos, queriendo alejar las imágenes de lo que había visto de su mente.

No quería si quiera pensarlo, pero como evitar hacerlo. El corte en su labio, las marcas de lucha en su rostro, el dolor en sus costillas, había despertado en su casa con un lapsus en su memoria de horas, demasiadas horas. Aquello podía ser perfectamente obra de su alternativo, su otro yo, aquél que no había dudado en matar inocentes, en ordenar la muerte de Laurence ¿A caso tenía que confiar en que había sido solo una casualidad?

Se le encogía el pecho ante la incertidumbre del paradero de Lay, sin su teléfono localizarla sería arduo y complicado.

-Esto… Esto es lo que haremos. Que Emma e Isobelle se encarguen de peinar la escena del crimen, quiero que busquen en cada jodido rincón. ¿Tenemos algo hasta el momento?

Dean sacó la libreta del bolsillo interior de la chaqueta de su traje.

-Varios vecinos coinciden con que las luces parpadearon alrededor de la una del medio día, la electricidad falló… Y otro de los vecinos afirma que su doberman se fue de la olla, también a esa hora. ¿Crees que podría ser algo demoníaco?

-Sea lo que sea tenía el suficiente poder para superar los escudos de protección de Lay.

-Cierto –Dean arrugó el ceño –La magia de Lay es casi ancestral.. –tragó cuando vio que Josh se volvía nuevamente hacia la escena, teniendo incluso coraje para acercarse, su lobo olfateando bajo la mirada de confusión de los profesionales que trabajaban. Le siguió –Lo siento, Josh. Sé que te importaban. Puedo imaginar lo duro que es.

-No –negó, sus ojos fijos en el cuerpo inerte de Michelle. Tensaba la mandíbula, necesitaba tener al cabrón que había hecho eso en frente de él, necesitaba despedazarle, golpearle hasta la saciedad, desfigurarle golpe a golpe, desangrarle a balazos –Quién haya hecho esto es quién lo sentirá.

Michelle era inocente, cuando la conoció por primera vez pensó que era su oportunidad de tener una segunda madre, siempre le trató con respecto, le aceptó como yerno desde un buen principio, jamás interponiéndose en su relación con Lay. Le había cuidado como a un hijo…

Verla así no era doloroso, era mucho más, era como si la mano del maldito diablo le destripase por dentro.

Robert y él nunca habían congeniado, de hecho ese viejo había sido la causa de varias pesadillas para Josh, a diferencia de Michelle él siempre pensó que no era suficiente para su pequeña, que podía aspirar a más.. A pesar de todo había sido un gran hombre, resignándole a tenerle en la familia. Y William.. William.

Cerró los ojos y agachó la mirada, escondiendo la lágrima que resbaló por su mejilla, sus ojos habían advertido un brillo lacerante desde que volvió a ver esa masacre.

-¿Qué quieres que haga yo? –oyó al voz de Dean tras él.

De un manotazo limpió las lágrimas y se dio media vuelta, centrándose en el hijo de Lauren.

-Vuelve a casa y encuentra la forma de dar con Lay. Busca en los libros de hechizos que ella te prestó, busca debajo de las piedras, me da igual Dean, pero búscala.

Gordon asintió, siguiéndole con la mirada cuando le vio emprender su marcha para abandonar la casa.

-¿Qué harás tu?

-Lo mismo. Come on boy.

El lobo siguió a su dueño.

Green eyed Demon

DOS DÍAS ATRÁS

The brooklyn Cafe. Brooklyn, New York.

La bebida se le enfriaría si no se decidía a darle un sorbo de una vez, en cambio solo podía revisar una y otra vez la pantalla de su teléfono desechable. Era lo mejor, una linea segura, no quería correr riesgos mientras estuviese allí, lejos de su oficina, lejos de casa.

Nueva York fue alguna vez una de sus ciudades favoritas, no obstante ahora estaba volviéndose un lugar de pesadilla. ¿Por qué allí? ¿Por qué ahora?

No tenía sentido. Había negado tanto tener una oscuridad creciente en su interior, ahora no había forma de negarlo, dos homicidios eran la prueba de ello. Dos personas inocentes habían muerto por su mano, él sostenía aquél cuchillo cuando despertó, su sangre en su ropa, no había modo de buscarle una explicación, nadie estaba intentando inculparle, sabía había sido él, era un sentimiento, un sexto sentido, como si el dolor de las víctimas le hubiese calado los huesos y no le dejasen pretender si quiera declararse inocente.

Por si fuese poco, Laurence había confirmado su culpabilidad con las pruebas halladas en la investigación, unas pruebas que la agente especial había prometido destruir para mantenerle a salvo, casi había suplicado por ello, rogado para que le ayudase exponiendo en su defensa su familia, sus hijos, halegando que no podían crecer en aquél mundo con su padre en prisión.

De todas formas ¿Cuanto hubiese durado encerrado? Era un enemigo declarado tanto del cielo como del infierno, sería como encerrar a un lobo en una jaula… Un lobo, qué irónico.

Había bastante movimiento en el café, la mayoría de la clientela empresarios que desayunaban antes de una intensa jornada laboral. Empresarios y empresarias, aunque intentaba fingir no lo notaba las miradas de varias solteras y casadas se posaban en él sin disimulo alguno, nunca había sido un problema, hubo un tiempo en el que esas miradas le halagaban, eran justo lo que buscaba, pero ahora era un hombre casado que solo tenia ojos para una mujer, la mujer que había dejado en el apartamento esperando noticias de Adam. Su hermano seguía infiltrado en Academi, y aún no había podido comunicarse para informar sobre su investigación.

Él esperaba a JT, paseaba la mirada por el local, dejándola varias veces en la puerta esperando ver entrar a la agente, llegaba tarde, y juraría Laurence no era de las que llegaban tarde a un encuentro, y menos de esa importancia.

El local había cambiado muchísimo, los dueños, el decorado, pero la puerta y las campanas sobre ésta seguían siendo las mismas.

No, no era la primera vez que se tomaba un café allí, y mirando hacia la entrada casi podía recordar un momento en concreto de años atrás, casi podía ver a Lizzie llegando con su vieja bolsa de cuero.

Se sentía como estar viajando en el tiempo, retrocediendo, pero no empatizaba con los sentimientos de entonces, en su lugar, el vacío que la muerte de su hermana le había dejado se agrandaba más y más, empezando a despertar una insospechada cólera en él.

Había una sonrisa ladeada en el rostro del cazador, aquella rubia estaba sentada sobre su regazo con una coqueta actitud, acariciando distraídamente la nuca del joven irlandés.

-¿Qué hace exactamente un agente libre? –preguntó con curiosidad ella –A parte de tener licencia para armas como esa… –señaló la glock que podía visualizarse bajo la chaqueta marrón cuero del muchacho –¿Eres una especie de superhéroe?

-Bueno, yo no lo definiría así –hizo un mohín arrugando la nariz sin borrar la curva en sus labios –Me gusta pensar que hago lo que quiero, cuando quiero… Y con quién quiero. Si alguien o algo requiere de mis habilidades, hago lo que sea necesario. Todo el sistema es una basura, nena. Estar al márgen de la ley tiene sus ventajas.

-Me encantan los rebeldes… –susurró ella, ladeando más su sonrisa mientras, sin preámbulos ni vergüenza se inclinaba hacia el rostro del joven sin otra idea que besarle.

Y él no iba a oponer resistencia, no hasta que llegó a sus oídos el ruido de las campanas que se sacudieron al abrirse la puerta de la cafetería y, por el rabillo del ojo reconoció a quién acababa de entrar.

Una muchacha de una melena rizada y dorada por encima de los hombros, ropa casual, cazadora negra y una bolsa marrón de cuero.

-Shit –soltó atropelladamente el de ojos verdes, prácticamente deshaciéndose de la rubia con un empujón, para que volviese a su silla.

Los gritos de protesta y confusión de la muchacha no fueron pocos, tampoco las maldiciones hacia él.

-No, calla, calla –suplicó él, extendiendo los brazos hacia ella pidiendo que bajase la voz –Es mi agente de la condicional, disimula.

Cuando Elisabeth Stevens localizó a quién buscaba en una de las mesas atisbó a sonreír, pero solo atisbó a hacerlo, pues una expresión entre indignación y enfado se instaló en su tez pálida.

-You have to be kidding me –soltó por lo bajo, abriéndose paso entre la mesa y clientela en zancadas, y cuando llegó a destino soltó su bolsa con cierta fuerza en la silla frente a su hermano –¿Qué se supone que significa esto, peluchito?

-¿Qué? –inquirieron tanto Josh como la rubia al mismo tiempo.

-¿Peluchito? –incrédula, la acompañante del cazador le vio de piez a cabeza.

-No, es que.. –intentó explicar él, riendo –Es de barrio rico, ya sabes..

-¿Quién es esta zorra? –Lizzie señaló a la muchacha, había fuego en su mirada –¿Otra puta? ¿Es que a caso no tienes bastante con lo que yo te doy? ¿Cuanto tiempo vas a engañarme? Si no quieres que esta relación prospere, me lo dices, y santas pascuas. ¡¿Crees que yo no puedo aspirar a más?! –gritó, dejando abruptamente ambas manos sobre la mesa.

Aquella Lizzie solo tenía diecisiete años, pero diablos, asustaría al más pintado.

-Wo wow –la rubia se levantó de su silla recogiendo su bolso –Creo que yo mejor me marcho..

-Espera, espera –Josh estiró el brazo para intentar alcanzar su brazo –¡No me has dado tu numero! –bufó, su ligue se marchó como alma que se lleva el diablo y todo lo que Josh pudo hacer fue centrar la mirada en su hermana, quién tomaba asiento con calma, estirando las piernas y picando de una de las galletas del pequeño plato redondo junto al café del cazador –¿Era realmente necesario? –soltó indignado –¿Es que no puedes dejarme ligar tranquilo?

-No cuando tus ligues son una imitación barata de Paris Hilton –toda su fiereza se había esfumado, ahora se veía una joven tranquila, inofensiva que levantaba el brazo para pedir su café –No estamos en Nueva York para que tu lista de chochonas a las que te has tirado sea tan larga que pueda ganarse un sitio en el libro de los guiness, estamos trabajando.

-¿Y la razón para no divertirnos mientras trabajamos es…? –apremió, abriendo los brazos inquisitivo.

-Que mientras tu te diviertes, yo hago el trabajo sucio –abrió su bolso y sacó una carpeta de un papel del color pino, abriéndola para empezar a ojearla –Como esperábamos, no es un vampiro. Aunque si han succionado toda su sangre, sea lo que sea le va la hemoglobina.

-Claro, tu sigue, no estoy desayunando ni nada parecido –bufó Josh, dando un sorbo al café de mala gana, Lizz siempre conseguía sacarle el apetito con sus jergas médicas –Olvidemos un momento a los muertos y su sangre ¿Qué hay de tu examen de ingreso de biología?

-Aún no sé nada –susurró, arrugando el ceño. Se había preparado muchísimo para lograrlo y ser la biologa más joven de la OCEU, pero no las tenía todas de aprobar, sudó como una babosa mientras rendía todas las pruebas específicas –Y no quiero hablar sobre eso. Si no apruebo volveré a intentarlo, no es para tanto –se rascó la frente.

-¿No es para tanto? –alzó las cejas él –¿Bromeas? Te has pasado dos meses estudiando día y noche, diablos, me dolía la cabeza solo de verte.

-Eso es porque no sabes ni cuanto es el número Pi.

Él resopló, echando los hombros hacia atrás con soberbia y chulería.

-Claro que lo sé.

Elisabeth le miró expectante, cruzándose de brazos.

-¿Qué decías del vampiro?

Época presente (Dos días atrás) The Brooklyn café, Nueva York.

Todo volvió a su sitio, en su mente aún la imagen del rostro de Elisabeth mirándole incrédula, con poca fe en sus capacidades matemáticas.

Se veía algo pálido, y por eso no parecía haber lugar para la sonrisa que ladeaba, era un buen recuerdo, doloroso, pero bueno después de todo.

Tan sumido estaba en su pensar que no notó a la mujer que se le había acercado, dejando disimuladamente un papel doblado en dos junto a su taza de café. Su número, era evidente. Cuando la notó, Josh se aclaró la garganta y arrugó el ceño.

-Disculpa –dijo ella, humedeciéndose los labios muy lentamente –No he podido evitar notarte. Te he visto tan solo que he pensado, quizá quiere compañía. Pero si no es así y la quieres para otro día.. –con el dedo movió el papel hacia él, deslizándolo en la mesa –Llámame.

El Josh de otro tiempo no hubiese dudado en devolverle la misma sonrisa juguetona, hacerse valer de su encanto irlandés natural y llevarse a esa mujer dónde se le viniese en gana ¿Pero aquél? Aquél era un hombre casado, un hombre de familia que no comprendía como su anillo no espantaba a las mujeres en lugar de llamarlas al acecho.

Sin embargo no dijo nada, el proceso fue apenas notable, nada cambió en él a simple vista, seguía viéndose confundido, la misma tonalidad verde en sus ojos.. Pero aquella sonrisa que dibujó no fue una de la clase de juego que la mujer esperaría, era una sonrisa que se veía macabra, fría, peligrosa. Y al mismo tiempo, encantadora.

-No me sorprende me hayas notado –la mano que hasta entonces tenía sobre la mesa bajó hacia su cinturón –Pero te diré algo, preciosa. No estoy en el mercado.

Fue imperceptible, nadie allí lo notó, nadie prestó atención a como el pestillo de seguridad de la cafetería se cerraba bloqueando la puerta, toda aquella gente bebiendo café, repasando sus obligaciones diarias, tomando donas para conseguir suficiente energía, conversando con amigos en el último momento de relajación antes de unirse al estrés neoyorkino ignoraban que no saldrían de allí aquella mañana, no con vida.

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La sangre en el filo del cuchillo se limpiaba con el roce de la tela de su camisa, un roce que iba y venía hasta que el cazador alzó la daga a la altura de sus ojos, comprobando estaba impecable, o tan limpia fuese posible.

Ya no habia tanta claridad en el café. El cartel de “abierto” ahora rezaba “cerrado” para quién mirase desde el otro lado de las paredes del local.

El hilo musical seguía en estéreo, ajeno a cualquier cambio que hubiese sucedido en la cafetería, impasible a la masacre mientras rezaba la canción conocida como “High blood pressure” de Jerry Douglas.

El cazador hizo crujir su cuello inclinándolo a izquierda y derecha, y con suma impasibilidad salteó uno de los cadáveres para ir tras la barra, en el suelo descansaba el cuerpo del dueño del local, muy cerca del de su mujer. De hecho tenía un brazo sobre el vientre de ella, aquella imagen llevaba a pensar que había muerto intentando protegerla.

-Too in love to save yourslef, mate? –murmuró Josh, o mas bien quién fuese aquél que tenía el control, porque cualquiera que conociese a Joshiel Stevens negaría se tratase de él, incluso siendo peligroso cuando se lo proponía no era más que corazón y emoción, demasiado atado a lo que amaba para dejarlo ir.

No, aquél era un monstruo, un ser sádico que había disfrutado su matanza, desgarrado gargantas como quién corta un filete, teniendo aún suficiente mente fría para buscar el destino de las grabaciones de seguridad y llevarse las tres últimas horas de video que estarían en un mismo CD.

Lo sacó de la pequeña netbook y lo rompió en dos pedazos, sus labios pronunciando apenas la letra de la canción que se oía.

En el momento en que guardó los cuatro trozos de los cds en el bolsillo de su cazadora sintió la vibración de su teléfono, sacándolo y viendo con el ceño fruncido como la llamada entrante se hacía insistente hasta que saltó el buzón de voz. Efectivamente, llegó instantes después una notificación de que tenía un mensaje sin escuchar en el buzón, y mientras salía de tras la barra se llevó el teléfono a la oreja, escuchándolo.

“Joshiel, es Alfred.. Mira, sé que dijimos te ayudaríamos, diablos, aún lo hacemos, de no ser así JT ya estaría de regreso en casa por haber cantado lo suficiente para inculparte, pero conozco a Jess, y no va a decir nada que te ponga en riesgo. El FBI la tiene, Stevens, asuntos internos están interrogándola y esto no acabará bien. Llámame cuando escuches esto, se lo debes”

-JT, JT –murmuró cuando guardó el móvil en el bolsillo –Me atrevo a adivinar esto no te gustaría demasiado.. –se tomó unos instantes para contemplar su obra de arte, así lo veía él, gente que estorbaba eliminada, inútiles sin propósito, les había hecho un favor.

Ahora debía volver a casa, estaba agotándose de responder a Layla por el maldito chat ¿Quería verle en persona? ¿Conocer quién era? Entonces le vería.

Oía apenas la música que procedía del baño, Lay estaba dándose una ducha mientras él leía el periódico, era una costumbre, pero no lo leía por costumbre en esa ocasión, buscaba una noticia en concreto, una lo suficientemente importante para ocupar dos páginas tras los titulares.
“Masacre en el brooklyn café, las más de veinte muertes aterrorizan a los neyorkinos”, rezaba el titular. Habían entrevistas al detective del NYPD a cargo del caso, afirmando que no tenían aún ninguna pista para seguir, razonando que a juzgar por los crimenes se trataba de un varón, probablemente psicológicamente inestable que no había seguido ningún patrón, pues no había matado de una forma específica.

La opresión en su pecho era tan grande que apenas podía reaccionar, estaba allí, sintiéndose atado a esa silla, sus brazos tan tensos que era incapaz de moverlos. ¿Por qué? ¿Por qué diablos haría algo así? No, aquello no tenía fácil solución, no sabía controlarlo, no podía detenerle, lo que hubiese dentro suyo era más listo que él, era meticuloso y frívolo, un monstruo.

Notó una punzada en la sien, sintiéndose observado, así que primero se giró, volviendo en si, como si hubiese regresado de un viaje astral para mirar hacia la puerta del baño. Seguía cerrada, Lay aún no había salido de la ducha.

Entonces miró al frente, y allí estaba aquél pequeño espejo en la puerta del armario del salón, su reflejo, pero nuevamente no se sentía como estar viéndose a si mismo, era otro quién se escondía tras el cristal, y a aquél otro hombre de ojos verdes y pelo de un castaño claro no parecían pesarle tanto los hombros, no se veía como si la culpabilidad atormentase su conciencia. No, era una sonrisa fría la que dibujaban sus labios.

Y aunque toda razón gritase “imposible”, vio como le guiñaba el ojo en una complicidad que nunca, jamás, sería correspondida.

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COVERT AFFAIRS

New York City, NY.

 Había sido un viaje largo, y aunque se hubiesen detenido unas horas en la noche para dormir y descansar, no habían dormido demasiado. Sería distinto si no viajasen solos, pero era de esperar ¿Él y Lay solos en un motel, durmiendo? Nah, eso no podía suceder, había demasiada química para conciliar el sueño.

Pero si durmieron un par de horas, y siguieron ruta hacia la ciudad de los rascacielos.

Hablaron lo justo y necesario con la agente especial Laurence por teléfono, era difícil encontrar lineas seguras cuando sospechaban hasta el mismo FBI estaba tras ellos, así que con teléfonos desechables aclararon que irían directamente al apartamento de la agente y ella les daría las tarjetas de reserva del hotel en el que se hospedarían.

Aparcó a un par de calles del edificio dónde JT vivía, hacía un tiempo que no estaba en Nueva York, ni él ni su mujer, así que encontrando un starbucks cerca decidieron tomar un café antes de llegar.

Finalmente, y encontrando la puerta de abajo abierta entraron en el viejo bloque de apartamentos, subiendo por el ascensor hasta el cuarto piso.

No le hacía especial gracia verse con Laurence, no tenían buena relación, se respetaban mutuamente en todo caso, pero eso era todo. Ella aún le echaría en cara probablemente haber dejado ir a Althea a pesar de ser culpable, y él.. Bueno, no tenía nada contra ella, solamente era orgulloso.

-God, my head is about to explode –murmuró a Lay, no había soltado su mano en un buen rato, pero lo hacía ahora para frotarse la sien. Las puertas se abrieron y salieron del elevador, decidiendo girar a la izquierda cuando leyeron en el cartel que los apartamentos del 5 al 10 estaban en esa dirección.

La cazadora se encontraba apabullada contra un rincón del ascensor, esperando a llegar al piso de Lauren pero veía de reojo la forma en que Josh se masajeaba, intentando seguramente aislar alguna jaqueca magicamente. Soltó un buen suspiro y buscó dentro de su cartera una botellita de agua y un ibuprofeno, acercandose para darle aquello.

-Take this. I told you this was too soon, you need more rest -se quejó y no de muy buena forma, porque había estado insistiendo si no en todo el viaje, al menos la mitad del mismo. Ella quería esperar pero Josh parecía un desesperado queriendo ir a Nueva York y no pudo oponer demasiada resistencia. Siempre encontraba la forma de convencerla. -We do this fast and then you go to rest -volvió a señalarlo, cruzandose de brazos de forma severa.

-Alright mom -sonrió viéndola de reojo, y después se concentró en encontrar la puerta correcta. Parecía un pasillo tranquilo, no se oía a ninguno de los vecinos -Es aquí -señaló el apartamento número siete, bajó la mirada y vio la alfombrilla de la entrada. “You’re so not welcome”. Enarcó las cejas e hizo una mueca -That’s so Laurence -comentó a su esposa antes de tocar el timbre y arreglarse la mochila negra al hombro. Pesaba, eran armas por lo que era lógico. Lay llevaba la de la ropa.

Fue Fred quién cruzó el apartamento, mirando primero por la mirilla antes de girar el pomo y abrir.

-Hey -saludó, haciéndose a un lado -Pasad.

Layla alzó las cejas al ver aquel mensaje de “no tan bienvenida” en el suelo. Sonaba mucho a Laurence, pero no pensaba que fuera a ser tan amarga incluso para esa clase de carteles, y cuando pasó al departamento detrás de Fred y Joshiel, se preguntó incluso como demonios la agente había conseguido un hombre que viviese a su lado. Siempre había pensado que iba a terminar sola, o con una mujer. Pero la vida traía sorpresas.

Carraspeó un poco y se acercó más a su esposo, espiando por encima de su hombro para ver si veía a JT.

-Nice place -habló, sin saber muy bien que decir.

-Thanks -Alfred pasó la mirada por el salón, estaba habituado a él, pero no a que le echasen cumplidos. Era un apartamento pequeño en realidad, se hacía más grande ahora que River se había marchado por unos días -JT estaba dándose una ducha, saldrá en unos momentos. ¿Queréis una cerveza o algo para tomar? -preguntó a ambos, señalando la cocina.

-Una cerveza estará bien -asintió el cazador, y sacándose la chaqueta se sentó en el sofá llevándose a Lay con él de la mano. Torció los labios, malditos puntos, no podía esperar el momento a que se los sacasen, acabaría haciéndolo él mismo.

La puerta del baño se abrió cuando Alfred dejaba la cerveza en la mesilla frente al sofá para Joshiel. El cazador miró hacia allí, Laurence estaba vestida pero aún tenía el pelo mojado. Saludó con la cabeza a la agente y le dio un trago a la cerveza.

-You made it -JT se acercó para estrecharle primero la mano a Layla y hacer lo mismo con Joshiel -Any trouble on your way here? I was expecting you sooner.

-Nothing -respondió haciendo un mohín -We slept more than we expected. No trouble.

-I’m glad. Alfred, could you bring the files?

-Yeah -el agente se marchó al despacho de su chica en busca de los archivos.

Lay se animó a dejar la mochila que más pesaba en el suelo, luego de saludar a Laurence, pero aun así se quedó en su lugar, observando el detalle del departamento mientras esperaban a que Alfred volviera de su habitación con los archivos.

-So.. -Laurence se sentó en el sillón individual, en frente de ellos, al otro lado de la mesilla -You were shot -miró a Joshiel -Any clue on the guy?

-Yeah. Well -Josh miró a Lay -Our daughter catched him. But he killed himself before talking. It was a sniper, again.

-And basically, that’s all we got -dijo Layla, sonriendo de lado.

-Did you guys check on him? -preguntó la agente arrugando el ceño.

-We did -Josh sacó de la mochila el impreso que Roy le dio -He’s in the data base. Known as Vladir Malikov. He has some charges on guns, and he’s also wanted for murder. No track on him in five years.

-Un mercenario -opinó JT mientras leía el expediente del sniper -¿Está relacionado de algún modo con Academi?

-¿Academi? ¿Te refieres a la empresa militar privada?

-El rifle del francotirador que disparó a Carson pertenece a Academi

Layla se sentó al lado de Joshiel mientras la agente y él trataban aquel tema, observando de vez en cuando los archivos y todo ese papelerío militar y policial que apenas entendía; cuando debía usarlos para hacer sus artículos, lograba hacer el mayor esfuerzo por ver de que se trataba, pero la realidad es que eran de lo más aburridos. Soltó un fuerte suspiro y sacó su celular, apretando cualquier botón a ver que salía.

JT vio a Lay de reojo, y después a Joshiel, de esa forma interrogante.

-Oh, ella está bien, no se siente cómoda con estas cosas, solo es eso -estiró la mano para acariciar la espalda de su esposa.

-Supongo que mucho menos si la víctima eres tu -dedujo la agente, y sonrió a Alfred cuando llegó con los archivos. El agente se los dio a Joshiel.

-Eso es todo lo que tenemos hasta ahora, calibre del rifle, imágenes del casquillo que encontramos. Creemos que alguien sorprendió al francotirador justo después de disparar.

-¿Por qué razón? -inquirió Josh, abriendo la carpeta.

-Los francotiradores suelen ser profesionales, ex militares usualmente, éste fue descuidado, no limpió la escena, se marchó con prisa. Pero no hemos recibido ningún aviso o denuncia, si hubo un testigo no hemos podido identificarle.

-Oh, no es eso. Estas cosas me aburren -dijo Lay en voz alta cuando se refirieron a ella durante un segundo. Y miró a Josh de reojo y luego a Laurence -No entiendo nada de lo que dicen, a decir verdad. Mientras no haya más matanzas, es todo lo que me interesa.

Sonrió un momento y siguió escuchando por encima para tener la información suficiente, pero mientras jugaba al jueguito de su celular.

-Creo que estamos de acuerdo en que seguirán habiéndolas si no destapamos a quién conspira contra las divisiones -JT dejó la hoja sobre la mesa y se inclinó hacia delante, apoyando los codos sobre sus piernas -Fue una de mis agentes más jóvenes la que descubrió Academi estaba implicado en esto, relacionando el arma del francotirador con ellos. Decidí tomarlo con calma, si levantaba sospechas y realmente hay un topo en la división u otros departamentos del FBI, sabrían teníamos una pista.

-Hiciste lo correcto -Josh suspiró -Pero aún así, llegar a Academi.. Es arriesgado, tienen buenos lazos con el gobierno, teóricamente están limpios.

-Dije que quería llevarlo despacio, no que haya podido. La misma agente ignoró las órdenes y se pasó el protocolo por el..

Sintió el codazo de Alfred en las costillas justo cuando tomó asiento en el brazo del sillón.

-Desobedeció, y por lo que sé se ha infiltrado en Academi sin informar ni comunicarse con la división.

-What…? –Josh frunció el ceño a más no poder –How did you let that happen?

-Son agentes de mi equipo, no mis cachorras –JT se frotó la frente –Esto es personal para Bryn, ella y Sarah tienen una conexión especial, son gemelas. Cuando dispararon a Sarah la hirieron a ella, no va a detenerse hasta que encuentre al culpable y le destruya.

-Pues no va por buen camino haciéndolo sola –el cazador miró de reojo a Alfred y después analizó el estado físico de la agente –No tienes buen aspecto. Te ves como un zombie.

-Duermo poco –explicó simplemente –Look, no tenemos el apoyo del FBI en esto, está claro que Academi está implicado de alguna forma con estos intentos de asesinato, si encontramos al enlace entre la empresa y el FBI destaparemos a quienes estén conspirando contra las divisiones. Necesitamos a alguien fuera de la división para entrar en Academi, de infiltrarnos uno de nosotros nos descubrirían.

-¿Qué te hace pensar que no han descubierto ya a tu agente? –no le gustaba preguntarlo, pero era algo a tener en cuenta. Josh se dio cuenta de que quizá había sido demasiado insensible, lo era en exceso últimamente –Solo digo que..

-Quiero sacar a mi agente de allí con vida, Josh. Es solo una niña. ¿Puedes, o no puedes ayudarme? Esto nos beneficiará a los dos.

Joshiel asintió, humedeciéndose los labios.

-Tengo a alguien en mente. Dame unas veinticuatro horas y te llamaré.

Se puso en pie, Layla haría lo mismo si es que no estaba a punto de superar un nivel. Estrechó la mano tanto a JT como a Alfred.

-Como prometí, he reservado una habitación en un hotel en el centro de Brooklyn –JT abrió un cajón de la mesilla y le entregó el recibo de la reserva.

-David y Samantha Clarence –leyó en voz alta Joshiel –Great, es como en los viejos tiempos.

This isn’t you. This is just a a hunter hidding behind an FBI agent. This the further you can run? You trust yourself when you say you really wanna quite your hunter’s life, all you ever were, but deep down, you know it’s not what you do, it’s who you are.

(Source: unicornrulez)

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#feels

(Source: thefirstconfessor)

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Nothing wrong with a little fear. It’s what makes us human.

(Source: sirendean)

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If heaven’s grief brings hell’s reign, then I’d trade all my tomorrows for just one yesterday.
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finding you.

(Source: destielspumpkins)

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you didn’t wanna be alone. and that’s what this boils down to.

(Source: podalecki)

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and you need a mask to breathe

(Source: tardis-impala)

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(Source: peculiar-angel)

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