
Help me see myself
cause I can no longer tell
Looking out from the inside
of the bottom of a well
It’s hell…
I yell…
But no one hears before I disappear
whisper in my ear
Give me something to echo
in my unknown future’s ear

CHAPTER X- RAISE YOUR FLAG (PART II)
-What the hell is wrong with you! -chilló el soldado, intentando levantarse; y no le había hablado a Layla, sino a la loba. Maldito animal del demo..
Pero volvió a sentarse y gateó hacia atrás cuando la loba corrió hacia él enseñando los dientes y rugiendo ferozmente.
-Okay okay, okay… Good girl. You’re a good girl
Sin más Winter se puso en camino, alcanzando en seguida a su dueña y mirando con aquellos ojos grises, casi azules, a todos los soldados que estaban dispuestos alrededor de la casa y que dejaban atrás a medida que entraban en ella.
-Good girl, Winter- le decía Layla mientras caminaba. Una vez dentro, lo primero que hizo fue buscar con la mirada alguno de los suyos. No podían estar todos muertos, Lizzie no podía tener razón. Iba detrás de la mujer rubia, que era mucho más alta que ella y aparentemente, a pesar de su nacionalidad, hablaba buen inglés, así que decidió preguntarle.
-Where… is everyone? Is anyone of this base alive?
-They are almost all alive -contestó, mirando por el rabillo del ojo hacia atrás -Including the general, still he’s been better I gotta say. They are all in the living room, my men are doing medical stuff to them. You’re Layla Lake, right? -se detuvo cuando llegaron a una de las peuqeñas habitaciones, habían casquillos de bala en el suelo y resultaba evidente que había habido un tiroteo por la cantidad de muebles agujereados y cristales rotos. Llenó un vaso con whisky y se lo tendió a la joven -I’m sure you need this.
Winter inspeccionó el lugar, separándose apenas de Layla. Seguía enseñando los dientes siempre que sentía que debía, sobretodo a la rubia que acompañaba a su dueña. Ninguno de los lobos de la familia de Sheiko eran de fiarse de los desconocidos, a no ser que sintiesen inmediatamente que podían confiarles la vida de sus dueños.
-How you even know my name? -quiso saber la cazadora, rechazando de inmediato el whiskey. La verdad es que esas cosas n otenían el mismo efecto en ella que en los demás, siempre preferiría abrazar una almohada para calmarse.- And.. where is Josh, is he okay? Who’s taking.. care of him?
De repente comenzaba a hablar rápido, pero es que tantas cosas se le venían a la cabeza: Josh, tenía que ayudar a Sheiko, y Lizzie estaba en el establo.
-You have to help our dog, he’s… hurt back there, and ..we have a prisoner, two -le informó.
-John Washer. I know. He’s one of the S4 big boys -dejo el vaso después del rechazo y miró de reojo a la loba. Frunció el ceño -We can take the prisoners, but we help no dogs. My men are not wasting medicines saving animals -ella se bebió el whisky -And the general is right there -señaló hacia otra de las habitaciones -Uno de mis comandantes está cuidando de él. Si tiene suerte sobrevivirá, y por lo que he oído, acostumbra a tener suerte.
“Lo que tiene de rubia lo tiene de hija de puta”, pensó Lay para sus adentros, mientras que por fuera, ponía su mejor cara de poker al escuchar que no ayudaban perros. ¿Acaso a todos los alemanes les quedaban sindrome de Hitler o algo por el estilo? Le dedicó una breve sonrisa a la chica, y sin decir siquiera gracias, pasó por su lado para dirigirse hacia la habitación donde se encontraría Joshiel. Tampoco tocó la puerta, sino que entró directamente.
Quién estaba en mejores condiciones en aquella habitación se puso en pie apuntando con un arma de pequeño calibre a la cazadora, pero cuando vio que estaba herida y recordó que habían superado la emboscada y que no quedaban enemigos por los que ponerse tensos, bajó la pistola.
-Eso tiene mal aspecto -dijo, refiriéndose a la herida de bala de su pierna, que seguía sangrando copiosamente -toma asiento, le echaré un vistazo -invitó.
Efectivamente el cazador líder de la OCEU se encontraba allí, acostado sobre la improvisada cama hecha con un manojo de sábanas y relativamente inconsciente. Relativamente porque su mentón temblaba y de vez en cuando un temblor le sacudía de pies a cabeza.
Pero Layla no pareció escucharlo. Se había quedado tildada observando a su esposo, estudiandolo. Se alivió porque lo estuviesen cuidando, pero la realidad era que no confiaba en ninguno de todos esos soldados. Ya no podía confiar en nadie más. Veía infiltrados por todos lados.
-¿Tienes un teléfono? -preguntó tan automáticamente, que parecía un robot. Sentía dolor, pero no la necesidad de hacer algo al respecto para sacarlo de su cuerpo.
-Eso depende -contestó el soldado -¿Es una llamada urgente? Acabamos de aislar el perímetro -explicó el soldado.
La cazadora ladeó su mirada muy lentamente, señal de que ya se le estaba acabando la paciencia.
-Sí, es urgente. La mujer que se piensa que de repente es dueña de este lugar, no está intentando ayudarme. Así que llamaré a alguien que realmente lo haga. Si no mal recuerdo, este lugar le pertenece a Stevens, no a ninguno de ustedes.- espetó con cierta bronca -Hayan hecho lo que sea con el perímetro, haré la llamada de todas formas.
-Con mis debidos respetos, Layla, cierto? Defiende a ese hombre como solo ella lo haría -frunció el ceño -Stevens está fuera de juego, tiene pocas probabilidades de sobrevivir las próximas dos horas, así que no, no pertenece a él ahora mismo. Y si sigue este sitio en pie es gracias a nuestra generosa intervención -sacó su teléfono de su bolsillo y se lo tendió -Intente ser cuidadosa.
-Give me the fucking phone already- contestó de mala forma al escuchar aquello, y nuevamente, no dijo gracias. Ella era una persona muy agradecida, pero no cuando la gente no lo merecía para nada.
No sabía donde demonios estaba su celular, pero recordaba ciertos números de telefono de memoria, y el de Shane era uno y el cual marcó inmediatamente, esperando que la atendiese.
La llamada dio más tono de lo que a Lay le hubiese gustado, pero finalmente hubo respuesta del otro lado.
-Lay? Is it you? -contestó la voz del irlandés.
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Los alemanes estaban por todas partes, aunque no eran muchos los hombres que habían aterrizado en USA. La general Könic era una mujer clásica, aunque nadie pudiese decirlo a primera vista. No era mayor, probablemente tenía la misma edad que el general Stevens o era incluso menor.
Los heridos se recuperaban lentamente, y algunos soldados seguían ensimismados en su tarea de deshacerse de los cuerpos, tanto aliados como enemigos, reuniéndolos en un punto del jardín, dónde después les prenderían fuego.
-La zona este ya está verificada, la protección demoníaca estaba intacta -informaba un soldado a Konic.
-¿Y las demás?
-Había una brecha en la entrada sur, pero lo hemos solucionado.
-General de la resistencia y con brechas en su base. Qué bien estamos -negó y le ordenó al cazador que se marchase.
Layla y Joshiel habían llegado en el momento justo en que aquella general decía esas palabras, generando que la primera alzara una ceja en obvio reclamo a aquello. ¿Qué se pensaba que era? ¿La señora perfecta? Sí, le llevaba altura, y era rubia y muy bonita, pero nadie era perfecto.
-We’re here, miss -alzó la voz, para hacerse escuchar.
Joshiel no tenía el ceño fruncido ni ningún gesto a resaltar en su expresión. Pero sus ojos decían que no estaba, precisamente, del mejor humor. Konic se dio media vuelta y observó con sorpresa que ocultó al general. ¿Ya estaba en pie? Eso había sido rápido.
-Yeah, with a quite nude man -alzó el mentón -General Stevens -ofreció su mano.
-Indeed. And you are?
-General Konic. I’m in charge of the OCGER.
-That name sucks -Josh le estrechó la mano.
Su esposa no pudo evitar sonreír, casi sintiendose orgullosa de que Josh hubiese dado semejante respuesta. Se sentía una enana entre ambos, y no sólo eso, estaba sucia y olía a sangre, pero Konic no la intimidaba tanto como pensaba que iba a hacer.
-So, the base is ours again.
-Yours? -Konic arrugó el ceño y se cruzó de brazos cuando acabó de presentarse con Joshiel. Sonrió, ladeando la cabeza -What does that mean? You think we’re taking it?
-It looks like that -Josh miró a su alrededor -I can see more german men than mine -y volvió a enfocar la mirada en Konic -Why are you exactly here? We haven’t talked with your organization in a long, long while. Actually, when I tried, you kicked my ass off.
La general asintió y frunció los labios.
-Alright, first of all, we’re not taking anything. We’re HELPING -enfatizó la palabra -what you actually really needed. Am I wrong?
-Well, it didn’t look like that since any of your men didn’t want to help a simple dog- respondió Layla Lake, lo más calmada posible.- And I hope you have our prisoners under arrest, and you didn’t let them escape.
-By prisoners you mean THE prisoner, right? -ella sonrió de medio lado -Indeed, she’s locked in the basement. Your sister -miró entonces a Joshiel -Who by the way has been turned by the S4 and you’ve been really kind to her despite of the fact she’s here to kill you.
El cazador frunció, ahora si, el entrecejo. Y estiró más el cuello.
-She’s my prisoner, not yours. I know how to do my job.
-Do you? -dudó ella -I don’t think so. The man you were knew, the man you’re now is far from knowing.
-And no one knows you, so what does that tell you, blondie? -se animó a decirle la castaña que tenía enfrente. No estaban para recibir ningún insulto de gente que no había hecho nada para ayudarlos en los peores ataques que habían sufrido, cuando habían viajado por el mundo como si fueran mendigos a pedir por ayuda -You’re not helping by insulting us. Thanks for what you’ve done, we’ll take it from here.
-You’re not taking anything -Konic llamó con un silbido a uno de sus hombres, ese no parecía un cazador, parecía un simple nerd, o quizá un abogado, pero para lo bajito y poca cosa que era, Josh se decantaba por un nerd. Éste le dio un papel a su jefa, uno que ella le entregó a Joshiel -We’ve taken the alliance. You’re out.
Josh frunció el ceño y miró por encima las lineas. Palabrerío. Pero estaban las firmas de todos los integrantes de la alianza de cazadores hasta el momento.
-You gotta be kidding me -rió por lo bajo.
-You’re out -repitió Konic -You’re completely out of the game. You’re a target, and as long as you are you can’t be on charge.
Eso definitivamente había hecho enojar a la cazadora, quien no estaba armada de paciencia para esas cosas. Y quien la conocía bien, sabía que tampoco tenía paciencia para protocolos. ¿Qué demonios significaba un papel firmado para ellos en medio de una guerra? ¿Qué decía un papel, y por qué debían de hacerle caso? Negó, sonriendo, y le sacó el papel de las manos, a la vez que las suyas se prendían fuego y el papel se hacía cenizas y caía como lluvia al suelo.
-That means nothing. You know why? -no dejó que contestase, luciendo ahora realmente peligrosa- Because we’re in the middle of a war, and when we needed you, you didn’t move your fucking ass. Why moving it now? This is our organization, our base. He is the boss, and none of us is taking any of your shit, blondie. You’re nothing to us.
-It’s kinda obvious you know nothing, Lake. Nothing -Konic negó con la cabeza -It may seem a paper, but it’s way more than that. Isn’t it? -Konic miró a Josh, quién parecía haberse quedado helado, pero no era así. Tan solo estaba buscando una buena razón para no conseguir un arma y volarle los sesos a esa desgraciada -You’re out means you’re out of aim. Out of allies. And let’s say this clear. You’re less than a hundred.
-So that’s it -Josh negó apenas con la cabeza, con esa sarcástica sonrisa en los labios -You’re going on without us. You leave us behind. You let us die.
-Nice words the ones you choose back then in Ireland, after Senoia. I liked them. How everything depended on the USA. You were the first ones to fall, but there would be more death. That it wouldn’t stop there. But come on now man… You had a chance and you fucked things up. There’s no need to see a domino effect. We’re not falling with you.
-I knew I didn’t like you for some reason -dijo Layla con cierto humor. No iba a dejar que esa maldita alemana les bajara el espiritu luchador que tanto les había costado conseguir. Podían dejarlos atrás, podían dejarlos sin aliados. ¿Qué importaba? ¿No habían estado solos todo ese tiempo de todas formas? Tomó una mano de Josh, apretándolo con fuerza. Resistirían, incluso a los de su propia raza -Go with them, then. Leave this base and get the fuck out of here with all your fucking alliance.
-Im not done -advirtió la joven general, clavando los ojos en Josh después de mirar a Layla -There’s another choice -hizo una pausa, el silencio del cazador le hizo saber que escuchaba -You can work for us. We will assess you and your men, and if we see a change in you and the way you take things from now one, things may be back to normal someday.
-Get the hell out of my place -siseó Josh, y sin soltar la mano de Lay dio un paso adelante para enfrentar cara a cara a Konic, tan cerca como pudo -And if I ever see you again, you better make sure you’ve diggen your grave already, ‘Cause I’m gonna tare you apart. I’m gonna kill you and guess what? I’m gonna like it.
Layla no tenía mucho más que agregar a esa amenaza, de la cual se sentía por sobre todo orgullosa, y le causaba gracia, pero intentaba contener las carcajadas. Estaba todo dicho. No serían esclavos de nadie, absolutamente nadie.
Sonrió un poco y alzó la mano que tenía libre para saludar a Konic. Mejor que fuera sacando el trasero de su territorio o sabría lo que era bueno.
La general de la OCGER esbozó una sonrisa apenas visible en la comisura de sus labios. Miró a los ojos a ambos, cazador y cazadora, y sin tener que pensarlo más se dio la vuelta.
-Pack our stuff. We’re moving -y en cuanto empezó a ver movimiento, se volvió una vez más hacia Josh -Deja que te de un consejo, Stevens. Muevete. Este sitio es una diana fija para el S4, si realmente quieres tener una oportunidad, haz lo que sabes y deja de esconderte como una rata. Eres una leyenda ¿No? Demuéstralo.
-Y tú mejor mueves el trasero lejos de mi esposo, si no lo quieres prendido fuego.- amenazó Layla por fin, que no había dudado una vez más en prender fuego sus brazos. Incluso se soltó de Josh para dar dos pasos hacia Konic, para que viese que no bromeaba en absoluto.
-Oh, and about that -Konic señaló los brazos ardiendo de Layla -You better take care of your wife. Because they want her -advirtió -And they want her so, so bad.
Josh dio un paso dispuesto a dejarse de palabrerío y partirle la boca a esa sabelotodo aunque todos sus hombres se le viniesen encima luego, pero la general alemana estuvo pronto rodeada de seis cazadores más y abandonó la base.
Pronto, todos los hombres de la OCGER fueron retirándose, hasta que solamente los hombres heridos de la OCEU quedaron en aquella vieja y ahora en peor estado, casa.
-Told you she was a bitch -le dijo Lay por lo bajo, dándose la vuelta para poder verlo. Iba a tener que enfrentarse a un muy furioso Joshiel, y lo sabía. Pero estaba dispuesta a lidiar con eso.
Una mirada que Josh devolvió a Lay, pero pronto estuvo pasándola por el gran salón, observando a sus hombres viéndole, algunos desde el suelo mal heridos, y otros en pie ayudando a sus compañeros. Probablemente habían escuchado suficiente de aquella conversación. Y vio a un hombre de entre todos los caídos que ni si quiera era un hombre, el chaval, el joven Jackson con un vendaje en el cuello y los ojos cerrados. ¿Estaría vivo?
La opresión que sentía en el pecho crecía cada vez más.
-Is there anything you need, sir? -preguntó un joven cazador que se acercó a él -Data? Maybe some.. water -dijo con cierto miedo.
Josh negó, algo ausente. Le miró y le palmeó la mejilla en señal de agradecimiento o quizá felicitándole por su trabajo.
Y se retiró del gran salón. Necesitaba aire.
-Sorry, guys.- se disculpó Layla, ante todos los soldados. Y la palabra significaba más de lo que realmente decía; lo sentía por haber reducido el número de compañeros, por no haber cumplido sus expectativas, por no saber manejarse frente al sector cuatro. También les dedicó una larga mirada antes de esfumarse, literalmente, del lugar. Con sus poderes, se apareció a donde fuese que Joshiel se había ido.
Fuera, allí era dónde estaba Joshiel, había ido en busca de aire pero no lo encontró, pues lo que vio fuera fue una gran hoguera que estaba calcinando los cuerpos de todos los que habían perecido en batalla.
Se sostenía de una de las vigas verticales del porche, o más bien parecía estar abrazándose a ella. Apoyó la frente contra la atemperada madera y cerró los ojos con fuerza, ignorando a todos los vehículos de la OCGER que se marchaban.
Layla lo vio de espaldas, y él aparentemente no había notado su presencia, por lo cual se acercó en silencio y simplemente lo abrazó por detrás, apretándose fuerte contra su espalda, buscando incluso comodidad contra su cuerpo.
Un abrazo nunca le venía mal a nadie. Sobre todo en momentos como esos.
-She’s so wrong about you, Josh -susurró, esperando que la escuchase.
-I can’t do this -contestó a las palabras de su mujer, y se notaba lo afligido y angustiado que estaba por lo tomada que estaba su voz, haciéndose notar el nudo en su garganta.
Y para colmo empezaba a marearse, por lo que y sabiendo que Lay le acompañaría, se dejó caer al suelo arrastrándose en la columna.
Lay no podía escucharlo decir eso y lo abrazó incluso más, dejando que se recostado sobre su pecho. Acariciaba su cabello para calmarlo y su espalda también.
-You’ve been doing this since you were born, Josh. Of course you can, you’re the one that knows how to do it. You’re the one that they call king of hunters, not Konic or O’conelly or anyone. It’s you.
SACRED BLOOD | SEASON THREE

CHAPTER- RAISE YOUR FLAG
Joshiel apagó el cigarrillo en el cenicero. Había movimiento en la totalidad de la base, si bien de hecho no debería haber ninguno pues según recordaba había dado una orden directa, y que les costase tanto cumplirla le impacientaba.
El joven Jackson, soldado de la resistencia estadounidense se acercó a su general con un rifle bajo el brazo, uno que dejó sobre la larga mesa horizontal, junto a las demás armas de diferentes calibres.
-Esta es la última señor -informó.
-¿La última? -Joshiel miró con urgencia a los ojos al soldado. Tenía que ser una broma -¿Estás seguro? ¿Y la munición?
-Perdimos el último cargamento. Toda la que tenemos está aquí también, señor -no habló con miedo, pero si con decepción. Sentía decepcionarle.
El cazador se pasó la mano por la barbilla, analizando lo que había sobre la mesa. Por mucho que se inflase en positivismo, allí no había munición suficiente. Si recibían un ataque directo y pasaban la primera linea de defensa, en fuego cercano no tendrían oportunidad. Se guardó el suspiro.
-¿Están todos los hombres en el patio?
-El último grupo acaba de salir. La comandante también espera -añadió, haciendo referencia a Lay.
Asintiendo, Joshiel se terminó el ron que quedaba en el vaso y se dio media vuelta para salir de la sala de mando y dirigirse al exterior de la casa, al patio, dónde todos sus hombres esperaban formando las instrucciones definitivas a la alerta del posible ataque enemigo.
Nada más salir, se encontró con Layla a la derecha y asintió hacia ella. Cada uno de los soldados que formaban en lineas horizontales saludó a su general protocolariamente.
De lo que menos pinta tenía Layla en aquel momento, era de comandar soldados. No eran un gran número siquiera, así que eso perdía algo de seriedad, pero el hecho de que tuvieran a la joven Lake como jefe para una lucha armada, la perdía aun más.
Entiéndase seriedad desde la perspectiva que la cazadora no seguía el protocolo para nada, lo único que llevaba a cumplir en aquel momento, era con el uniforme.
Sólo un segundo antes de que llegase Joshiel, había estado haciendo sociales con sus “hombres”, preguntando a cada uno por su historia como si estuviesen en alguna primera clase de alguna escuela. Habían estado riendo hasta la llegada del general.
La verdad era que Layla no creía en los protocolos, y menos los entendía. No tenía ni idea de que se hacía o hablaba en una guerra, no sabía las señas ni los códigos. Pero sí sabía que con un poco de motivación, cualquiera haría lo que hasta hace un momento creía imposible.
En cuanto vio a Joshiel, se dio la vuelta y lo saludó como si ella fuese una soldado más, aunque evitaba reírse en aquel momento, porque le causaba gracia. Y no, no era momento de reírse cuando estabas a pie de un posible ataque sorpresa, pero algunas cosas eran inevitables.
- Están todos formados, general- habló, mordiéndose los labios de inmediato.
-Si que lo están -contestó con una media sonrisa él, en voz baja para que solo ella pudiese oírle.
Lo que Lay creyese a veces no le importaba; y no porque no respetase su opinión, sino porque a veces sabía se equivocaba. Ella si estaba hecha para aquello, de alguna retorcida forma.
Bajó las escaleras hasta pisar el césped del patio, y miró a todos sus hombres a los ojos, o al menos, a aquellos que podían devolverle la mirada. Pero no lo hacían, porque estaban formando, y no debían apartar la mirada del frente en aquél momento.
Se acercó paso a paso al que tenía situado en linea recta y mirándole directamente a los ojos, estiró la mano hacia el lado izquierdo de su uniforme y arrancó la insigna de la OCEU. Pudo notar el leve fruncido de ceño del soldado. Josh arrojó el pedazo de tela al suelo.
-¿Quieren saber cual ha sido el principal error que he cometido, soldados? -ante el silencio, como debía ser, prosiguió -Tratarles como soldados. Llevar esta situación al límite como si fuesemos la armada estadounidense. No somos hombres de guerra. Somos cazadores. Organizados y con un objetivo, pero cazadores a fin de cuentas. La rehén, Elisabeth Stevens ha dicho que vienen a por nosotros. Que el S4 viene hacia aquí para desmantelarnos, para volver a destruir nuestro trabajo y acabar con la resistencia. Y no voy a mentirles, si eso es así… Tenemos más probabilidades de caer cuando suceda que de salir victoriosos.
Layla tuvo un impulso y terminó por pararse junto a Joshiel, empujándolo un poco lejos del centro así podía meterse ella. No quería protagonismo ni mucho menos, pero sólo intervenía cuando sentía que era necesario. Y esa era una de las situaciones especiales.
Se aclaró la garganta y gritó para poder ser escuchada.
-¿Quién quiere luchar y quién desea quedarse haciendo labores de la casa? -quiso saber, observándolos a todos, casi uno por uno.
Desde el establo dónde la base solo guardaba basura, sobras y a una presa, Elisabeth Stevens miró hacia la puerta entornando los ojos con la frente pegada a los barrotes. Escuchó el murmullo de los hombres de Joshiel Stevens, aquella rotunda respuesta; querían luchar. Y sonrió.
De nuevo en el patio, en el jardín, el general de la resistencia observó con orgullo a sus hombres, con el mismo con el que miró a Layla. Quizá fuesen pocos pero, definitivamente, quizá tuviesen una oportunidad de ganar. Nada estaba perdido, hasta que estaba perdido.
-No tenemos munición suficiente, estamos limitados en armas también. Así que les sugiero que guarden las balas para cuando tengan un objetivo acertado, y no malgasten la bala que pueda salvarles la vida dos instantes después -hizo una pausa -En cuanto el equipo alfa que se ha avanzado en la linea para informar de la llegada del enemigo de la señal, quiero que estén todos en las posiciones tal y como el comandante Jackson les ha situado y luchen por sus vidas. No por mi, no por América y no por la paz. Hoy, luchan por sus vidas, y nada más.
La cazadora asentía a su lado como si le estuviese dando el “visto bueno” a todo lo que Josh decía. No había mucho más que agregar a eso, así que no lo hizo. Simplemente sonrió a todos, y a Josh especialmente.
Aun no estaba segura del ataque, eso sí. “Sorpresa” sonaba a que no irían por los lugares obvios, y eso la preocupaba.
-Bien -Stevens se humedeció los labios -A sus puestos.
Dicho y hecho, la formación de los soldados se deshizo, aunque con orden; y en pequeños grupos fueron dispersándose por el jardín para dividirse la entrada a la casa y armarse. Algunos entrarían por la puerta de atrás, la cual cubrirían una vez armados, y otros se encargarían de la entrada principal, la entrada norte, por dónde un ataque sorpresa sería de todas formas menos esperado.
El general se enfrentó a su mujer y le sonrió ahora que podía, y había bajado levemente la guardia para ser no el soldado y líder, sino el amigo y esposo.
-¿Te he dicho alguna vez lo bien que te ves en ese uniforme?
-No - contestó ella, sonriendo ampliamente.- Pero gracias.
Se acomodó el rifle al hombro, y miró a su alrededor, observando los soldados dispersarse. Esperaba que todo acabase bien aquel día, no se sentía con ganas de enterrar gente en los jardines.
-What’s our next move, general? -preguntó finalmente, volviéndose hacia Josh.
-Estar alertas y esperar. Tendremos más oportunidades si les vemos venir, podremos atacar a una distancia prudente de la base y mantenerla intacta, no podemos seguir perdiendo bases.
El aviso de su walkie le interrumpió. Lo desenfundó de su cinturón, acercándoselo a los labios.
-¿Soldado? Ha habido una interferencia, repórtese de nuevo. Repito, repórtese de nuevo.
Un segundo de espera, y a continuación la contestación.
-Creo que tienes un soldado de mis filas en tu posesión, Stevens. Pero no temas, podemos arreglar ese malentendido con las vidas que acabo de cobrarme. Tus hombres gritan como chinchillas.
Layla Lake alzó las cejas al escuchar aquello, de lo más tranquila como si nada estuviese pasando. No había escuchado nada si es que sus hombres gritaban tanto como lo que decía quien les habló por el walkie.
-I knew it- se le escapó decir, sin poder contenerse y tan pronto lo dijo, pasó su rifle hacia adelante y lo destrabó para poder disparar apenas se pudiese. No había mucho tiempo para hacer indagaciones.- Where do we go?
Intentando que aquello no le bloquease, Joshiel tragó saliva y antes de contestar a quién fuese que estaba dirigiéndose a él a través del walkie, miró a Lay.
-Ve dentro y ordena a los hombres que avancen.
-¿Por qué? -volvió a escucharse en una ligera interferencia por el walkie -Si ya estamos aquí. Saluda a la mirilla, Stevens.
¿Que saludara a la mirilla? Qué diablos..
La bala no se escuchó. Tampoco el zumbido. Ni el disparo. Lo único que se escuchó fue el caer seco del walkie al suelo cuando el cazador lo soltó y retrocedió dos pasos. Tal y como había entrado por el pectoral, la bala había vuelto a salir por el homoplato. La sangre que salpicó no fue poca.
Alguno de los hombres de aquella base debía de estar alerta en la ventana, pues vio aquello y la resistencia se puso en movimiento. Los francotiradores, los que se encargaban de los explosivos como los bazookas y algunos con artillería ligera que salieron de la zona interior segura de la casa para enfrentar el inminente ataque.
Bueno, la acción nunca era acción si nadie disparaba a Josh y lo dejaba herido al punto de la muerte. A veces a Lay se le daba por reaccionar con suspiros de frustración, porque era siempre el mismo ataque y la misma rutina. Y Josh, de alguna forma u otra, siempre volvía a la vida.
Pero no era lo mismo pensar aquello que ponerlo en práctica. La realidad era que apenas la sangre de su esposo le saltó directo a la cara, ella gritó su nombre y no tardó en caer de rodillas a su lado para poder sostenerlo.
Se quitó el rifle de encima, lanzandolo lejos y con furia.
-¡Encuentren al maldito que hizo esto, YA! -gritó con todas sus fuerzas y más les valía a los soldados mover el trasero se los movería ella. Se arregló el cabello rápidamente para poder ver, desesperada y aterrorizada a su esposo -Ni se te ocurra morirte -espetó.
Las fuerzas que Joshiel no tuvo para contestar, las tuvo el joven Jackson para agacharse junto a Layla y el general, tomando del brazo en seguida al segundo mencionado para levantarle.
-¿Qué estás haciendo? Ve dentro -urgió a la comandante, ayudándola a levantar a Joshiel -Aguanta.
-Lizzie… Poned hombres en el establo, reforzad la vigilancia.
Hablaba entre balbuceos porque empezaba a ahogarse, pero eso lo solucionó temporalmente tosiendo para escupir toda aquella sangre.
Sus hombres aún no estaban abriendo fuego porque no veían enemigo al que disparar. Pero estaban allí, y no podía ser cuestión de esperar. Debían tomar la iniciativa.
-No, Jackson. Ve tú -le ordenó Layla, a la vez que le hacía una seña a otro soldado para que se acercase allí -Llévenlo dentro y asegúrense de que no se muera por nada en el mundo -les dijo con dureza, como si estuviese en sus manos el poder de dar vida o muerte.
Ella no se paró sin antes tomar el rostro de su esposo y besarlo, sin importar que ese beso tuviese sabor a sangre. Había entendido su orden, pero no iba a hacerlo. No confiaba en ningún soldado en aquel momento para una tarea tan especial como para ir a cuidar a alguien que estaba encerrada con “alta seguridad”. Ella iría a buscar a Lizzie.
-Don’t die, my love -fueron sus últimas palabras hacia Josh, y pronto se echó a correr en dirección contraria y hacia el establo.
Jackson maldijo para si cuando vio a la mujer de Josh marcharse. Le susurró a su general que aguantase una vez más, entrándolo en la casa inmediatamente. ¿Acabaría aquello como la tragedia de Senoia? Peor no podía ser.
Y en el interior del establo, Elisabeth esperaba paciente la llegada de Layla Lake acompañada de un hombre de alta estatura, tez mas bien pálida y pelo oscuro. Ojos claros. Mandíbula cuadrada y traje negro. No vestía como un militar, todo lo contrario. Vestía como la clase de hombres que están por encima de la milicia.
El mismo se encendió un cigarrillo y pasible aceptó que Elisabeth le rodease, pues estaba ya fuera de su celda, y dejase las manos sobre sus hombros antes de inclinarse y besar su cuello.
La mujer en cuestión entró corriendo al establo pero se paró en seco sobre la paja al notar lo raro de toda esa escena. Agitada por todo el camino que había recorrido en poco tiempo, casi ni podía hablar, pero se las arregló para soltar un audible “what the fuck”. Y no quería perder tiempo en preguntas estúpidas, apuntó al hombre de traje sin saber quien demonios era y porque trataba a Elisabeth de una forma tan singular.
Seguramente terminaría usando sus poderes, pero nunca estaba de más tener un arma en mano.
-I’m gonna blow your brains out if you don’t tell me who the hell are you right now- amenazó, caminando hacia adelante, siempre apuntándolo. Pero no perdía de vista a Lizz.
Elisabeth entornó los ojos hacia su cuñada y no atisbó en cambiar su expresión. Se veía calma, relajada. El hombre, en cambio, si ladeó una sonrisa.
-Layla Lancaster. Es un placer verte en persona, al fin -dio otra calada -Disculpa los modales de mis hombres, se sienten amenazados ante alguien como tu.
-Arrojala -dijo uno de los tres sujetos que habían salido de detrás de las sombras y apuntaban a la cazadora, el cañón de uno de ellos tocaba incluso la nuca de la joven.
La cazadora no pudo controlarse y le hizo burla a aquel hombre, soltando una pequeña carcajada.
-Why don’t you make? -lo desafió y miró de reojo a sus costados. En un rápido movimiento, disparó a uno de los hombres en la cabeza y se dio media vuelta para poder golpear al que tenía detrás de un culetazo en la cara, dejándolo fuera de juego en el suelo. Quedaba uno, y a aquel sólo le apuntó con una gran sonrisa en su rostro. En su tiempo con Adriel, se había vuelto incluso más rápida.
-I won’t kill you. Easy -bromeó.
-Oh, won’t you? -no fue el hombre de negro al que Lay apuntaba quién formuló la pregunta, sino el que se encontraba aún con Elisabeth y se ponía ahora pasivamente en pie -Drop the gun, Lancaster. We’re on the same side. At least, we will be.
-Do not waste your time baby -Elisabeth asomó por detrás de él -She’s not into talking shit.
No iba a hacerles caso, por lo cual simplemente se dio la vuelta tras hacer que el soldado que tenía enfrente, mágicamente se prendiese fuego hasta quedar tirado en el suelo, totalmente calcinado.
Miró al hombre que le hablaba fijamente a los ojos, ni se molestó en ver a Lizzie. No quería asesinarla, pero tenía ganas de hacerla entrar en razón de un buen golpe.
-Not even in your most dirty dreams, asshole.- respondió, furiosa.
-Oh really… -John Washer, así se llamaba el hombre que acompañaba a Elisabeth, una sombra que nadie había visto entrar y que probablemente nadie vería salir -Are you sure about that? ‘Cause you fit perfectly in the profile I’m looking for. Strong, powerful, and lost. Aren’t you, Lancaster? I know everything about you. To whom you’re related to. Where your loyalty lies and what your frustations are. And I know too about your recent murders.
-Boring -cantó la cazadora, alzando una ceja. Y entonces miró a su cuñada por primera vez- Your brother is dying, by the way. I hope you feel amazing now, this is all your fault.
No esperaba que la psicología inversa funcionara, pero lo intentó de todas formas. Debía de quedar algo de Elisabeth Stevens dentro de ese cuerpo completamente vacío. Se colgó el arma en el hombro y se animó a avanzar más, hasta quedar cara a cara con John Washer.
-If you believe this is going to work, you’re really, really wrong.
-I know everything about you -susurró solo para Layla quien era uno de los directores del S4 -Everything. And believe me, it will work. I gotta say -dándose la vuelta dio la espalda a la joven Lake. Pasó una mano en una caricia por la barbilla de Elisabeth, quién siguió el gesto ladeando la cabeza, queriendo ese roce, anhelándolo -I thought my first plan would work. But I guess your husband doesn’t trust her sister that much, after all. Does he? So then I told myself “hey, man.. Maybe he trusts his wife more than that” -entrefrunció el ceño -And here we go.
Layla Lake rodó los ojos al ritmo de su exclamación por lo bajo “oh my god”. ¿Podría ese tipo ser más cliché de lo que ya era? Si la conocía tanto como decía, ¿acaso tenía idea de las miles de veces que habían intentado lo mismo con ella? Incluso su tatarabuelo. El problema era que ella, por naturaleza, ya era un ser bastante egoísta y no caía fácilmente ante el discurso de que nadie la quería. Tenía muy en cuenta que quienes lo hacían eran contados y la mayoría estaba en su contra, pero lo utilizaba como una ventaja. Sabiendo aquello, sabía siempre como actuar.
-Been here, done that -cantó nuevamente, cambiando su punto de apoyo sobre el suelo, y cruzandose de brazos -Tell me why I’m even so patient with you. I should’ve killed you.
-But you haven’t -John alzó las cejas, y se volteó para encarar a la joven -And you know why, and so I do know why. Because you’re different… You’re not like her -señaló a Elisabeth con el dedo índice, con cierta desaprobación -It took us more than any experiment before to block her thoughts. To create a X solder filled with revenge and rage against the resistence. Normally, we create empty soldiers. They only follow our will… But Elisabeth had to be different. She needed a past, she needed a reason. You have no idea what magic and science are capable of if you mix them together. But it will be easier with you -la señaló, sonriendo de lado -Because you already want what we’re gonna offer you. You bleed… For freedom. You beg for get rid of this saving the world nightmare. You’re not like her, nor the rest of the resistence.
-Yeah… -contestó ella, luciendo fingidamente preocupada al respecto. Pero no lo estaba.- Tell me more, genius. What does that tells you? Yes, I’m tired of this shit. But I’m no traitor. Now, if you excuse me.
Y sin decir más nada y tan rápido como pudo, Layla puso el rifle que llevaba sobre su hombre y disparó tres veces a aquel hombre que tenía enfrente, ni siquiera parecía estar pensándolo.
John fue lo suficientemente rápido para apartar de un manotazo el rifle y que las tres balas se perdiesen en el gran espacio del establo. Sonrió a Layla y negó con la cabeza.
-No tan rápido. Aún tenemos mucho de lo que hablar… -de un tirón, le arrebató el arma. Se la entregó a Elisabeth -¿Tienes prisa? Oh, cierto. Lo había olvidado.. Tienes a tu querido marido desangrándose mientras mis hombres toman la base. Relájate, tu marido lo conseguirá, siempre lo hace… Es un verdadero misterio ¿No crees? Ahora -la señaló, y le bastó hacer aquello para que la muchacha saliese disparada unos quince metros y cayese de espaldas al suelo -Siéntate.
Por supuesto, ya tenían que mandarla a “volar”, literalmente. Dio la casualidad de darse un fuerte golpe contra uno de las columnas de madera que mantenían el establo en pie, y la verdad… No eran para nada blandas.
Cayó de cara al suelo, irguiéndose de inmediato mientras escupía la paja que se le había metido en la boca, y se llevaba una mano a la nuca. Notaba el líquido rojo cayéndole por el cuello y eso no debía de significar nada bueno. Maldito hijo de puta.
-Alright, now that you’re sitting -John se pasó la mano por el pelo, quizá relativamente exhausto; agotado. Esos cazadores eran un verdadero dolor de cabeza -Tell you what we’re gonna do. You’re gonna come with me, and I’m gonna retire my men. They will stop breaking this place down and you’ll be glad your dear husband will survive. For now -alzó las cejas -And my plans for you? We’ll talk about that later -sonrió cínicamente -Elisabeth, honey. Would you mind to do the honors?
La sonrisa de la rubia fue un redundante no. No le importaba. Avanzó hacia Layla y desenfundó su pistola.
La cazadora le echó una patada a Lizzie cuando pudo parar, echandola hacia atrás, lejos de ella. Sus puños enseguida se prendieron fuego, el cual crecía cada vez más amenazante por sus brazos.
-You don’t even dare to touch me! -gritó, dando pasos hacia atrás -I will end you, and you, Lizzie. Don’t.. touch me!
-The woman has two big balls -John negó -She won’t stop. And you won’t hurt her, we both know that.
La sonrisa de los labios de Elisabeth había desaparecido, ahora había furia en su mirada. Aparentemente, no le gustaba recibir golpes, y mucho menos fallarle a John. Apuntó el arma hacia la pierna de Layla y no dudó en apretar el gatillo.
Lay gritó gracias al dolor. A pesar de que las balas eran recibidas a diario, seguían doliendo como siempre; y estaba conteniéndose todo lo que podía para no largarle una llamarada a Lizzie en la cara. Por suerte, se le ocurrió otra cosa y unas lianas verdes salieron de repente de la tierra del establo, envolviéndose en el cuerpo de Elisabeth para tirarla al suelo y dejarla allí atrapada.
-Take that, bitch -espetó, intentando mantenerse en pie. ¿Quién seguía?
-Buen truco -admitió John, tuvo que hacerlo. Lo había sido; un muy buen truco. Decidió avanzar personalmente hacia su víctima, podría acabar con aquello en un santiamén, pero desgraciadamente los grandes planes requieren de gran paciencia, y no podía dejarse llevar por sus arrebatos psicóticos -No sigas luchando. Los dos sabemos como acabará esto, es una pérdida de tiempo. Tenías razón, no es un plan marca de la casa, ni la primera vez que se intenta algo así contigo, pero ¿Sabes cual es la diferencia? Que esta vez funcionará -murmuró -Porque no es algo que puedas revertir tan fácilmente. No habrá nada que tu marido pueda decirte y te despierte algún sentimiento a ti, estarás vacía de amor y llena de rencor. No le conocerás, tan solo conocerás tu odio por él, y todos los de su calaña.
Un gruñido a su espalda hizo que enarcara una ceja. Tenía que ser una broma..
Se giró y miró a los ojos de aquél lobo, uno que tenía las patas delanteras ligeramente inclinadas hacia delante, en una postura amenazante.
La hechicera ya estaba buscando la forma de escaparse de aquello, desesperada porque no veía la forma de correr, pues tenía la pierna fuera de servicio por el momento y no podía levantarse sólo con una; sería tan fácil atraparla.
Justo en el momento en que veía que no tendría escapatoria y donde realmente temía de sentir todo lo que ese hombre del Sector 4 le decía, apareció Sheiko. No gritó su nombre, pero el alivió se reflejó en su rostro, convirtiendose rápidamente en una sonrisa.
-You better run, asshole- escupió Lay, amenazante.- If that dog helps me, I will end you right here.
Por un momento, se vio miedo en los ojos de John Washer. Incluso alguien tan egocéntrico como él sabía reconocer cuando estaba en problemas, y un lobo, siempre significaba problemas. Eran rápidos, astutos, y por lo que había escuchado hablar de ese en concreto.. No había otro más letal.
¿Pero qué demonios? Era solo un maldito can. Él tenía el arma ¿Quién sería más rápido?
-Stupid dog -sonrió, apuntando el arma hacia él, a lo que el lobo enseñó los dientes bajo otro gruñido. Uno que tuvo eco, por cierto.
Y esque John escuchó otro rugir a su espalda. Se trataba de otro lobo, loba para ser concretos. Ojos grises, pelaje de un gris blanquizo, a cuatro patas a la derecha de Layla Lake.
Incluso la cazadora, quien ya conocía a ambos lobos, se sobresaltó al escuchar los gruñidos, sobre todo el que provenía más cerca de ella y cuando quiso ver de quien demonios se trataba, reconoció a Winter Cookie rodeando el perímetro de John Washer.
-Wint.. -pero se calló de inmediato antes de seguir con el nombre. No entendía como ninguno de los dos había llegado allí, pero habían llegado en el momento justo. Hizo un esfuerzo sobrenatural para poder incorporarse, y al igual que las lianas que envolvían a Lizz, otras salieron por debajo de los pies de Washer, comenzando a aferrarse a este.- I told you, you’d be better right now if you had run, bitch.- se las arregló para decir, algo agitada. El dolor le carcomía el cuerpo. Pareciera que la herida de su espalda se hubiese abierto, notaba allí un ardor punzante.
El dedo de Washer vacilaba en el gatillo. Si disparaba, sabía que se cargaría al diablo de ojos azules. Pero en el momento en que lo hiciese, el segundo lobo le saltaría encima. Y dudaba poder vivir para contarlo.
Así que ¿No tenía opciones? Rió sin ganas.
-Hell with everything -y apretó el gatillo. Un instante después, Winter separó las patas del suelo para correr hacia el director del S4 y saltar sobre su espalda, incando los colmillos en su cuello cuando le hizo caer, apoyando las patas sobre su espalda.
Un grito se le escapó a Layla una vez más, esta vez llamando a Sheiko. No quería que nada malo le pasara; era un perro, sí, pero era como parte de la familia. Siempre estaba en los peores momentos. Observó que Winter Cookie estaba bastante entretenida en intentar degollar a Washer, por lo que se las arregló para caminar cerca del perro de Josh, quería ver que estuviese sano y salvo.
-¡Sheiko!
La loba blanca se retiró de John Washer cuando su instinto y sentidos le dijeron que no había errado en su ataque. Se relamió instintivamente para limpiarse la sangre que le manchaba el pelaje de la barbilla, a falta de poder hacer lo mismo con el que había salpicado a su cuello.
Se acercó al lobo que Layla acompañaba, el que se había sentado y ahora se acostaba, gimiendo tan bajo que casi pareciese no quisiese hacerlo, como si fuese una muestra de orgullo.
Layla no pudo hacer más que acompañar a Winter al lado de su padre, que resultaba ser Sheiko. Pasó bordeando a Washer, pero no le hizo caso alguno. Lo que le estaba pasando, se lo tenía bien merecido.
El perro no lucía nada bien, pero nadie lo hacía luego de que lo herían de bala. Tragó saliva, nerviosa, intentando mantenerse en pie todo lo que podía, pero la pierna izquierda le fallaba bastante y no paraba de sangrar.
-Damn… damn.. Winter, go… get someone, please -pidió a la loba, esperando que entendiera aquella orden. Era la única esperanza que tenía.
Layla abandonó el establo en compañía de la loba blanca. Avanzaron apenas dos metros antes de que unos veinte hombres armados las rodeasen a las dos, cazadora y loba. La última no dudó en ponerse en posición ofensiva, echando las patas adelante y enseñando sus dientes rojos.
-Ponga las manos dónde podamos verlas, ahora! -ordenó uno de los soldados de uniforme negro con seis lineas grises en la tela de los brazos.
Si bien Layla no tenía armas, estaba demostrado que muchas veces, no necesitaba de ellas. Y a falta de un rifle, sus brazos se prendieron fuego a forma de amenaza, observando a los ojos a cada uno de los soldados que los rodeaban.
-You fucking touch me and you’ll die -avisó, y por un momento, parecía haberse mimetizado con la loba, porque estaban casi en la misma posición.
Ante aquél gesto ofensivo de la cazadora los soldados tensaron sus armas y apuntaron con más firmeza, dejando los dedos en los gatillos. Pero una orden les detuvo.
-Put your guns down -dijo una voz femenina.
La mujer de larga melena rubia y mismo uniforme que los demás se abrió paso entre dos de los suyos, observando a Layla y la loba con minuciosa mirada.
-She’s on our side. Help her and see if there are any more survivors inside the place -dijo, refiriéndose al establo. Se dio media vuelta y se retiró junto a dos hombres que la siguieron.
Lay alzó una ceja, totalmente confundida en ese lugar. ¿Quienes demonios eran todos esos, y por qué ella estaba “de su lado”? Decidió relajar algo más el cuerpo, pero en ningún momento sus brazos se apagaron, las llamas seguían allí, un tanto menos amenazante. Se apegó más a Winter, casi que quería hablarle cuando recordó que un lobo no iba a poder responderle. Para sus adentros, pensó que todos los soldados no eran norteamericanos, tenían un fuerte acento… alemán.
-Who are you?! -gritó, dirigiéndose a la rubia que se alejaba ya.
-Bring her inside -se oyó la orden de aquella mujer de larga melena dorada una vez más como respuesta.
Uno de los soldados se acercó con prudencia a Layla, agachándose en frente suyo, demostrando que no iba armado. Pero cuando fue a dejarle una mano sobre el hombro para ayudarla, la loba tardó menos en rugir que en saltarle a la mano y darle un mordisco que difícilmente olvidaría.
El chico maldijo en alemán y rápidamente intentó recuperar la mano, rogando que le soltase.
-She bites -dijo la cazadora, como un dateo casual. Y le hizo a Winter una seña para que la siguiese dentro de la casa. Nadie le daba ordenes para entrar a su propia base.
SACRED BLOOD | SEASON THREE
Había llegado el momento. Aquél momento que Josh había retrasado una y otra vez, asegurándose otros trabajos, tiempo con su mujer e hijos. Organizando a la resistencia desde un lugar reconfortante. Pero había llegado el momento; el momento de hacer frente a la situación de su hermana, aquella que sin venir a cuento había envenenado a su hijo con intención de matarle, y por quién ahora sus hijos volvían a ser niños de ocho años.
Aquella a quién había disparado para evitar que disparase a Layla, cuya bala saliendo del cañón aún retumbaba en su cabeza.
Había hecho todo lo posible para que la culpa no le robase el sueño, pero algunas noches fue imposible conseguirlo. Sangre de su sangre en sus manos, y la sangre de Nathan en las de ella.
Shane, el médico irlandés que vino a la base de la resistencia de Carolina del Norte para intentar encontrar una solución al tema de Nathan se encargó de asistir a la joven Elisabeth y garantizar que viviese después de tan dura y grave herida. Pero estar convalesciente y con un pie en la tumba no salvó a Lizzie de pasar cerca de dos semanas entre rejas, en una de las tantas jaulas que se encontraban en el pequeño establo de aquella casa de campo dónde parte de la resistencia operaba.
El cazador sacó las llaves de su bolsillo y abrió la puerta principal del establo, haciéndose a un lado después de retirar hacia atrás una de las dos puertas para dejar primero entrar a Layla. ¿Qué hacía ella allí? Probablemente ser “el policía malo”, porque por muy duro que Josh fuese y la fama que le precedía, estaba claro que no podría ser imparcial con su hermana, y que Layla conseguiría probablemente más información que ella.
Pero Joshiel no contaba con que hacía mucho tiempo que su mujer no funcionaba como policía malo. Lo último que sabía hacer era disparar sin preguntar antes, así se había manejado con Adriel todo el tiempo que habían estado separados y era dificil hacer a un lado el pensamiento de que esa era la forma correcta; a decir verdad, encontraba mucho sentido a las enseñanzas de su tatarabuelo, pero si lo decía en voz alta, sería algo más para agregar a la lista de todas las razones por las cuales la gente la cree loca. Y una más a la lista de por qué creían que era tan egoísta, y no los culpaba. Se había cansado hace tiempo de ser la chica dulce y positiva que permitía que el mundo le pasase por encima, conservaba esas cosas sólo para cuando debía usarlo y para gente demasiado cercana a ella, no a cualquiera.
Y teniendo en cuenta que la razón principal por la que su cuñada estaba encerrada, además de todo el embrollo del S4, era porque había intentado asesinar a su hijo… Pues, no ayudaba en su pensamiento de “matar, matar, matar”.
Le lanzó una mirada a Josh cuando pasó por su lado, como queriendo asegurarse de que él estaba bien, pero sin decir nada, siguió de largo hasta la celda de Lizz. Hacía mucho calor aquel día, y eso, junto al olor del establo, no era de lo más agradable del planeta.
El síndrome de estrés post traumático que Lauren le diagnosticó tiempo atrás le había estado poniendo difíciles las cosas al cazador de un tiempo en adelante. Era complicado, ser el general, del que todos dependían, el que no podía errar ni una sola vez en sus decisiones. La presión era insoportable, y los fracasos también.
Pero ya se había hecho a la idea de que aquella mañana, debía dejar a un lado cualquier miedo o remordimiento, porque era de su familia de lo que se trataba, y no iba a perder a Elisabeth. Y si la había perdido, la recuperaría. Porque eso había hecho siempre; cuidar a su hermana pequeña.
La carcajada que hizo eco en el establo hizo que Josh tragase saliva inconscientemente. ¿De qué se reía? Porque si, era Elisabeth, carcajeándose de quién sabía qué.
Cuando se detuvieron en frente de los barrotes que encerraban a la cazadora, Josh vio a aquella rubia de ojos profundos sentada sobre un montón de avena, con las manos cruzadas entre las piernas, aparentemente entretenida.
-¿Qué te resulta tan gracioso? -preguntó Joshiel.
-Nueve días. Nueve días has tardado en venir.
Layla se cruzó de brazos al escuchar a la desquiciada Elisabeth que tenía enfrente y no pudo contenerse mucho, con tan sólo señalar un mechón de su cabello, este se incendió y cayó al suelo haciéndose cenizas, dejando un rulo muchísimo más corto que todos los demás.
-A tu antigua tú, no le gustaría esto para nada.- dijo, seria, aunque soltó una simple carcajada luego -Pero eso no es realmente nada.
La joven entornó los ojos hacia aquellas cenizas que quedaban ahora sobre la avena dispersa en el poco suelo que podía reconocerse. Y con una media sonrisa los entornó de nuevo hacia ella.
-You’re a real badass -ironizó. Y se puso en pie, encaminándose hacia los barrotes -Aren’t you?
-You talk with me -llamó su atención el cazador, alzando la voz -What the hell is wrong with you, Lizz? What happened to you?
-Lizz, Lizz, Lizz -siseó la rubia, mirando a su hermano con un odio que Josh no había reconocido nunca en aquellos ojos -You call me Lizz again and I’ll freaking kill you.
La hechicera nunca sabía que le enojaba más, que le faltaran el respeto a ella o a su marido enfrente de ella. Frunció el ceño, observando el intercambio de palabras entre hermanos y entonces avanzó un paso sin decir nada para darle un buen golpe en la cara a Elisabeth.
-Lizz.- espetó, sonriendo.
Pero la cazadora no hizo otra cosa que volver a carcajearse. ¿Qué era divertido de recibir un golpe? Quién lo sabría.
-You’re Elisabeth Rowan Stevens and thats how I always called you. Lizz -repitió, insistente Josh, intentando que ver aquél golpe no le afectase. Él era más fuerte que eso -I tried with holy water. Silver, and every damn thing I know. No eres un cambiaformas, no estás poseída, no respondes a nada que me diga que eres algo sobrenatural así que solo queda la opción de que sigas siendo tu pero hayas perdido la jodida cabeza. Así que dime ¿Has perdido la jodida cabeza?
-La he perdido ¿O la he encontrado? -contestó con otra pregunta, sabiendo las muchas que despertaría en “su hermano” -General de la resistencia.. Por favor. No vales un centavo.
Layla caminaba de un lado a otro tras Josh, sin saber si abrir la boca o no, después de todo, era su cuñada, hermana de su marido. Cualquier cosa podría herir sentimientos de ambos aunque estuviese más preocupada por Joshiel, a decir verdad.
No podía matarla a golpes, no sería justo. ¿Cómo hacer entrar en razón a alguien a quien le han lavado el cerebro por completo?
-Cuéntanos, Lizz. Cuéntanos toda tu vida. Por qué te has unido al Sector 4, de dónde salió esa idea -se paró a decir, al lado del General de la OCEU, aferrada a los barrotes.- Después de tantos años ¿Ha sido todo de la nada?
Touche. Josh notó un cambio en la expresión de Lizzie. Había borrado ligeramente aquella cínica sonrisa y había dejado su mirada perdida en alguna parte. Pero poco le duró, pues amplió mucho más aquella fría sonrisa.
-¿Pretendes que te cuente mi historia a ti, furcia? Hablemos de la tuya. ¿Quieres? Eras una don nadie hasta que te cruzaste con mi hermano y te dio el mundo entero. La perdida y sola Layla Faye Lake. Y de un día para otro, encuentra el amor de su vida y todos sus problemas se solucionan. El cuento de hadas se hace realidad. La princesa encuentra a su príncipe, se casan y viven felices para siempre en su maravillosa y ruidosa morada llena de niños.
-¿Quieres hablar de mi historia? ¿Para eso te entrenaron en el sector cuatro? -preguntó Layla Lake, sonando realmente afligida por unos segundos. Su preocupación parecía real, pero no era más que actuación.
-Oh please -siseó con malicia la rubia, negando con la cabeza -Why would the S4 want anything from you. You’re nothing but a stone in the middle of the way -miró a Josh -They point higher.
-They want me -entendió el cazador, ahorrándose el asentir -That’s not new. If they wanted me dead, why did you try to kill Nathan?
-Oh no, sweetheart… They don’t want you dead. Yet -alargó la palabra todo lo que le fue posible -They want to destroy you.
-Well, thank you both -ironizó la esposa de Stevens, abriendo grande los ojos en una mueca que acompañaba sus palabras. No sabía muy bien que debería hacer en una situación así, tenía muchas ganas en ese momento de seguir cada consejo de Adriel. Pero no estaría bien… Y ella era una chica “buena”. Pateó algo de paja en el suelo, enojada.
-Well, fuck you and try, Elisabeth. You won’t be able to do it.
-I don’t have to -se humedeció los labios y encogió los hombros -It’s been 9 days. 9 days without hearing from me. And you know what that means?
Josh frunció el ceño. No podía ser que..
-They’re coming -amplió aquella sádica sonrisa, apegando la frente a los barrotes -They’re coming for yah. And you know what? You’ll fail again.
-Enough -Josh se dio la vuelta, esperando que Lay entendiese que había sido suficiente y que debían marcharse.
-You’ll fail, Stevens! Like you always do. Like you did when Senoia was atacked! They will all die because of you!
Soundtrack: The storm, it’s coming- Glen Hansard
Waking on a field from the decade of the beast
On a new road with no true north I see it
Well, there’s doubt in every face
And there’s a light here on the stage
What good is it if he don’t himself believe in it?
Every clash brings out a warning
Get ready for the storm, it’s coming. It’s coming
SACRED BLOOD | SEASON THREE


General Stevens / King of hunters
“And it’s said that the king of hunters will fall, betrayed by someone close”

